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13 diciembre 2014

CSI, Sun Tzu y el liderazgo en las organizaciones (2ª parte)

Tras una animosa conversación cruzada, los miembros del CSI pudieron compartir miserias y sinsabores que les eran familiares en sus diferentes empresas y administraciones. Parece mentira lo que se parecen entre sí los entornos corporativos. Cambian los nombres y las personas pero las conductas, las buenas y las malas, adquieren un potencial mimético que impresionaría a las tribus vírgenes, si es que queda alguna a estas alturas, del Amazonas. Se impuso el orden en el aparente caos de la charla y César propuso seguir profundizando en las enseñanzas del Maestro Sun Tzu. Para eso, recordó, habían quedado emplazados. Sacó en ese momento un ajado volumen de "El arte de la Guerra" que parecía, por lo cochambroso y mal conservado que estaba, una edición facsimil del papiro original en que se estamparon las enseñanzas del estratega chino. Aclaró, excusatio non petita..., que el mal estado de su ejemplar obedecía al profundo estudio al que lo había sometido, apuntando, subrayando y, en suma, maltratando sus páginas a través de muchas lecturas. Dimos por buena la explicación y seguimos avanzando en el análisis de las enseñanzas del Maestro. Le tocó el turno ahora al engaño como estrategia. Nos interesaba vislumbrar, en este momento, no tanto las paranoias que cada uno podía compartir sobre su entorno laboral concreto sino las implicaciones históricas, de mayor altura de miras, que podían ser interpretadas en función de este elemento estratégico. El análisis comenzó recordando lo que dice Sun Tzu a este respecto.

"La guerra está basada en el engaño. Muévase cuando sea ventajoso y cambie de tácticas mediante la concentración y dispersión de sus soldados. Cuando entre en campaña, sea veloz como el viento; en una marcha pausada, sea majestuoso como el bosque; en la agresión y el pillaje tan fiero como el fuego; en una posición fija, tan firme como las montañas. Cuando se esconada, hágase tan insospechable como lo que hay tras las nubes; en movimiento, caiga como un rayo. Cuando saquee la campiña, divida sus fuerzas. Cuando conquiste un territorio, defienda los puntos estretégicos".

Como podemos comprobar, a poco que interpretemos las palabras de Sun Tzu, la versatilidad y adaptación al terreno de juego son elementos absolutamente claves a la hora de planificar y desarrollar cualquier intervención, sea ésta bélica, corporativa o empresarial. Ante la rigidez que exhiben, como aparente sinónimo de poder (potestas) algunos directivos mal aconsejados y peor formados, el general chino recomienda adaptabilidad. Lógicamente, eso no se obtiene de la noche a la mañana o por inspiración divina, es absolutamente necesario invertir tiempo, esfuerzo y reflexión durante toda la vida profesional. Difícilmente, una persona que no haya recorrido muchos escenarios podrá estar habituado a los mismos. Es cierto que muchos terrenos se parecen, de ahí la posibilidad de transferir aprendizajes entre campos conexos o colindantes, pero eso no exime al estratega o líder de la necesidad de haber trabajado mucho sobre el terrero, sobre diferentes escenarios de combate o intervención y en muy diversas situaciones atmosféricas. Por tanto, habrá que tener experiencia de campo y ser hábil en el uso de estrategias, cambiándolas cuando sea preciso, para obtener un buen resultado de nuestro trabajo. Cuando el asunto (o escaramuza) lo requiera, habrá que ser paciente como el tigre o, como apunta Sun Tzu, tan firme como las montañas. A renglón seguido, ante un cambio en la dirección del viento corporativo, la gacela será nuestro modelo y el viento podrá aliarse con nosotros para solventar, en un tiempo absolutamente record, cualquier contratiempo sobrevenido.

En este momento, intervino Pepa, una funcionaria con muchos años de experiencia en puestos directivos de la administración.  A pesar de que pretendíamos, en este momento, centrarnos en el análisis "macro" de las enseñanzas de Sun Tzu, una vez más, el apego al terreno y las ganas de contar historias cercanas se impuso al planteamiento original. Dado que se trataba de una buena contadora de historias y amiga, excusamos el cambio de planes y procedimos a escucharla con atención. Contaba una anécdota absolutamente verídica aunque sin pretensiones de crueldad. Una de sus anteriores jefas (política ella), era tan absolutamente torpe y cerril que pretendía solucionarlo todo de la misma manera, imponiendo su particular e ignorante criterio. Su experiencia en la gestión, previa al cargo que ocupó en ese departamento, era sorprendentemente exigua aunque había desempeñado con cierto gracejo y desenvoltura -dicho esto con todo el respeto posible- varios puestos de responsabilidad en una conocida cadena de supermercados. Parece que sus contactos ideológicos, y más  tarde relación humana e íntima, con uno de los líderes locales de un importante partido le procuraron el ascenso vertiginoso en las listas electorales municipales que le permitieron, en un primer momento, ocupar un puesto de edil en su corporación local. Transcurrido poco más de un año de su nueva vida política,  de ahí pasó, cuando el clan político en que se encontraba ubicada dentro del partido alcanzó una posición prevalente en el ámbito provincial, a ocupar un puesto de máxima responsabilidad en la estructura de la administración del estado. Lo que son las cosas, "Cuqui" -así la llamaremos-, se convirtió, de la noche a la mañana, en el máximo referente político y administrativo de un área sobre el que no tenía ni la más remota idea. Más allá de retazos perdidos visionando documentales de la televisión mientras zapeaba buscando sus realities favoritos, su conocimiento de la gestión cultural se limitaba a cuatro lugares comunes y al aprendizaje memorístico de los argumentarios que recibía periódicamente desde el partido. Se rodeó, porque fue hábil y los mantuvo en sus puestos, de buenos técnicos pero, aún así, las meteduras de pata en las que incurría eran motivo de escarnio y cachondeo generalizado. No tenía experiencia sobre el terreno que pisaba y su inseguridad le llevaba a plastificar su rictus y mostrar una rigidez absolutamente contraproducente en las intervenciones rápidas, por su potencial mediático, que se le exigían como alta responsable política; la crónica de un desastre anunciado, ni más ni menos. Tras estos necesarios preliminares para enmarcar al personaje en cuestión, nos contaba Pepa que cuando le fue referida, no daba crédito a la anécdota con la que pretendía ilustrarnos al respecto y que le había sido transmitida por un amigo, antiguo jefe de prensa de la responsable política aludida. Resulta que el buen hombre, tras preparar y documentar minuciosamente la intervención que su jefa tenía que dar en una cadena de radio, tuvo que cambiar varias frases del pequeño discurso ante la imposibilidad pragmática, digamos fonológico-articulatoria, de que  la alta responsable política pudiera exponerlo adecuadamente. Aunque lo intentó durante varios días, en el despacho de la su jefa, finalmente se dio por vencido y modificó, muy a su pesar, varias frases esenciales del texto que había estado preparando para la ocasión. La buena señora tenía, simplemente, que leer este trozo -se extrae el fragmento objeto del litigio-: "Los antropólogos del equipo han podido cotejar, en estas excavaciones del yacimiento arqueológico que les presentamos, la presencia de prácticas antropofágicas en diferentes especies homínidas y protohomínidas a partir del análisis de las marcas encontradas en las osamentas recuperadas". Tenía, simplemente, que explicar durante cinco minutos el importante hallazgo de unos restos prehistóricos encontrados al realizar las excavaciones encaminadas a construir un parquing subterráneo en un pueblo de la provincia. Tras incontables intentos frustrados de que Cuqui pronunciase correctamente las trabadas y no se liase en la dicción, ante la desesperación de nuestro curtido jefe de prensa, el texto final quedó tal como sigue: "Se han detectado prácticas caníbales por las mordeduras encontradas en los huesos". Aún así, aunque parezca increíble, nuestra reputada representante política renqueó un poco cuando pasó por encima de los "caníbales", aludiendo a ellos como "calíbales". Todos nos quedamos con la boca abierta aunque, a juzgar por nuestra experiencia en este terreno, no dejamos que la perplejidad anulase nuestra capacidad de juicio y seguimos disfrutando del Maestro Sun Tzu.

Tras esa curiosa anécdota, que hizo las delicias del Think Tank, decidimos recuperar la compostura y abundar en el análisis más histórico. César retomó el discurso perdido y nos recordó que la mayor parte del éxito de la invasión del continente europeo durante la Segunda Guerra Mundial estaba inspirada en la doctrina y enseñanzas de Sun Tzu. Este éxito fue imputable, en su mayor parte, al engaño ya que la tarea emprendida por los aliados logró un elevadísimo nivel de eficacia porque abundó en la desinformación, obteniendo como producto tangible de tales desvelos la circunstancia de que los generales alemanes creyeron que cuando tuvo lugar el desembarco de Normandía, ello era fruto de un ardid y la invasión de aquellas playas no tenía como objeto más que distraerlos del verdadero ataque que, obviamente, nunca se llegó a producir. Consecuentemente, los cogieron absolutamente desprotegidos para poder defenderse ante un ataque de las dimensiones al que tuvieron que hacer frente. Ni más ni menos que seguir la máxima de no dar a conocer el lugar en que se pretende combatir. En este sentido, las precauciones que tendrá que adoptar el enemigo para prevenir el ataque le exigirán dispersar sus fuerzas en muchos lugares. Por tanto, cuantos más sean los sitios que haya que proteger, menor será el número de efectivos a los que el atacante tendrá que enfrentarse en cualquier punto determinado.
El secreto, continuó exponiendo nuestro buen amigo, podría ser considerado como un medio adecuado de practicar el engaño que nos propone Sun Tzu. En la medida en que el adversario desconozca nuestras verdaderas intenciones, se verá obligado a suponer -con el margen de incertidumbre correspondiente- nuestros próximos pasos. Por tanto, cuanto más grande seamos, en términos de experiencia y prestigio, más psicológicamente amenazadores nos convertiremos ante los ojos de nuestro oponente.
César terminó su exposición convenciéndonos del tema que debíamos abordar en la siguiente sesión de trabajo. Nos pareció muy razonable ya que podíamos reflexionar de manera profunda sobre ello antes de vernos, pero esa ya es otra historia...

Siendo ya tarde, decidimos terminar el cónclave. Sun Tzu nos daría más juego en próximas ediciones del club, por lo que nos despedimos tras varias horas de agradable charla. 

"El verdadero estratega conoce adecuadamente el terreno porque ha vivido sobre él y combatido en situaciones adversas y condiciones climatológicas muy diferentes". @WilliamBasker