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15 enero 2015

CSI, Sun Tzu y el liderazgo en las organizaciones (4ª parte)




A continuación, tras la intervención de César, decidimos retomar el hilo de Sun Tzu pero, esta vez, íbamos a intentar desarrollar una serie de principios válidos para el buen ejercicio del liderazgo. Aunque todos, a buen seguro, teníamos ejemplos que hilvanar con las enseñanzas del Maestro, establecimos la regla de que no íbamos a entrar en analizar casuísticas particulares que hubiésemos vivido a lo largo de nuestra experiencia laboral. No todo iba a ser exponer un rosario lacrimógeno de malas experiencias ya que se corría el riesgo de que alguien pensara que cualquier organización era un infierno al que sólo los más incautos y enajenados se atrevían a descender. Al estar todos de acuerdo, no había nada más que discutir. Habíamos comentado con anterioridad que esta vez buscaríamos referencias vinculadas al uso del tiempo y de las recompensas en la dirección de las organizaciones; todo ello como guía para no andarnos por las ramas, como era habitual en este particular y selecto club que nos daba cobijo. Tomó la palabra Pepa, sacando de su bolso una hoja que traía preparada. Sun Tzu, dijo nuestra amiga, nos plantea la necesidad de conseguir que el tiempo se convierta en nuestro aliado. Citó textualmente:

"Al dirigir un ejército tan enorme, el objetivo principal es una rápida victoria. Si la guerra dura mucho tiempo, las armas de los hombres se cansarán y el valor de éstos menguará. Si el ejército ataca ciudades, agotará sus fuerzas. Y, además, cuando el ejército acomete campañas prolongadas, no bastan los recursos del Estado. Así, mientras hemos oído hablar de un estúpido apresuramiento en la guerra, jamás hemos visto una operación diestra que fuese prolongada. Nunca se ha dado el caso de que una larga contienda haya beneficiado a un país. Por ese motivo, sólo aquellos que conocen los peligros inherentes al empleo de tropas saben cómo dirigir una guerra del modo más rentable. De ahí que lo que se valore en una contienda sea una victoria rápida y no operaciones prolongadas."

Tras las palabras del general chino nos tocaba digerir sus principios y construir una serie de principios válidos e inteligibles que nos permitiesen establecer aquellos criterios que caracterizarían el ejercicio óptimo y productivo del liderazgo.


Dado que Pepa había introducido el texto, prosiguió con su interpretación. Si tenemos como referencia la Historia, debemos concluir que todos aquellos ejércitos y generales victoriosos lo fueron, básicamente, porque establecieron y desarrollaron sistemas de actuación que les permitieron actuar con mayor diligencia que sus adversarios. Como curiosa anécdota os puedo comentar que Napoleón instauró el sistema de ciento veinte pasos por minuto para que su ejército se desplazara con mayor celeridad; por contra, sus adversarios lo hacían a un ritmo sensiblemente menor, esto es, a setenta pasos. Dado que la velocidad de los ejércitos napoleónicos duplicaba a la de sus enemigos, ello le otorgaba una formidable ventaja que, sin lugar a dudas, coadyuvó notablemente a su éxito en el campo de batalla. 
Consecuentemente, podemos llegar a establecer una primera conclusión; que la clave del éxito corporativo, empresarial u organizativo radica en ser eficiente, eficaz y competente en el desarrollo de las actividades que le sean propias a cada organismo. No olvidemos que resulta más complicado y costoso ocupar un posición que su defensa una vez obtenida. Imaginemos, en el ámbito empresarial, que intentamos aplicar este principio. Está pacíficamente aceptado por la doctrina especializada en este tipo de análisis que resulta mucho más costoso obtener nuevos clientes que conservar los que ya existen. Es más, una estrategia basada exclusivamente en la captación de clientela fresca agota con muchísima celeridad los recursos financieros de los que puede disponer una empresa. Por tanto, cualquier corporación tendrá que actuar con la máxima celeridad posible para llegar a establecer una base firme de clientela estable y, posteriormente, fidelizarla.

Basándonos en todo lo anteriormente expuesto, Pepa se atrevió a enunciar una serie de normas básicas para convertir el tiempo en nuestro aliado. Serían las siguientes, nos dijo:
- Hay que empezar pronto a desarrollar cualquier proyecto ya que cuanto más tarde comencemos, más tiempo se necesitará.
- Una decisión rápida y solvente determinará una rápida y efectiva ejecución.
- El tiempo que ahorremos en la ejecución de cualquier tarea es tiempo ganado.
- Si evitamos la demora habrá muchas menos probabilidades de que nos veamos sorprendidos y menos preparado estará el adversario o competidor.

Todos estuvimos de acuerdo en la adecuación y oportunidad de estas normas ya que su aplicación efectiva podría mejorar sensiblemente cualquier ámbito de gestión corporativa. Los buenos líderes, aunque no hayan oído hablar de Sun Tzu, lo hacen todos los días. Son personas diligentes y altamente efectivas, que no dejan pudrirse los temas y que afrontan con serenidad y prestancia los problemas diarios que amenazan el éxito de su gestión. Afortunadamente, hay muchos de ellos desarrollando una magnífica labor en cada uno de sus sectores de intervención. No todos los directivos, ni muchísimo menos, son unos mangantes aupados a sus cargos por vía digital y nepotista.

Prosiguió en el uso de la palabra nuestro compañero Andrés, que ya tenía preparado el libro, interpretando otro de los pasajes de la obra del Maestro, referido esta vez a la necesidad de que todos aquellos que intervienen en un asunto deben obtener un beneficio, no necesariamente material, de su trabajo. Sun Tzu dijo:

"Para exterminar al enemigo es preciso excitar la ira de nuestros hombres; para conseguir los bienes del adversario hay que premiar a nuestros soldados con trofeos de guerra. En consecuencia, tras una batalla de carros, cuando haya capturado más de diez, tiene que premiar a los primeros que se apoderaron de un carro enemigo. A las banderas y los gallardetes del adversario reemplazarán los propios; los carros capturados se mezclarán con los nuestros y nuestros soldados los tripularán. Los prisioneros de guerra han de ser benignamente tratados y guardados. A esto de llama 'tornarse más fuerte mientras derrotamos al enemigo'."


Si nos centramos en el ámbito empresarial, no es infrecuente que una determinada empresa, tras adquirir otra que ya operaba en el sector, se deshaga de personal que desempeñaba eficazmente su trabajo bajo la anterior dirección. Estos, a menudo, son muy expertos y competentes en las labores que venían desarrollando. Tamaño disparate, si lo contemplamos desde la óptica de la optimización de los recursos existentes, dilapidaría un enorme caudal  de conocimientos ya que estos empleados son los que mejor conocen la cultura de la organización, la clientela y todos aquellos sutiles elementos de la casuística diaria que son necesarios para el éxito. En este caso, no es en absoluto improbable que la nueva dirección, en vez de fortalecerse, pueda llegar a debilitarse ostensiblemente. Por tanto, es razonable y prudente buscar un adecuado equilibrio entre las nuevas incorporaciones y los ejecutivos o trabajadores que pueden ser rescatados para desempeñar labores análogas a las que venían realizando anteriormente en el marco del nuevo ciclo directivo.

Dicho lo anterior, también es oportuna la formulación de normas de funcionamiento que estimulen, premien y recompensen el rendimiento obtenido por los trabajadores. Consecuentemente, es muy interesante proporcionar escenarios y oportunidades para que todos aquellos implicados en una tarea ganen algo. No hablamos, en este caso, necesariamente de bienes materiales. En cualquier organización existen muchas formas, sutiles y creativas, de premiar a todos aquellos que contribuyen con su esfuerzo y dedicación al éxito de los planes de trabajo. En este caso, lo verdaderamente inteligente y hábil es acortar el ciclo de reforzadores y gratificaciones y asociarlos de manera clara y cercana a los acontecimientos o productos que los han motivado. No darlas implicaría mezquindad y torpeza, demorarlas en exceso puede resultar extemporáneo y dar lugar a que pierdan su efecto incentivador. Buscar el momento oportuno es lo que hay que intentar y conseguir en cada caso. Con creatividad y buena voluntad, el camino no es demasiado complicado a este respecto; los buenos líderes saben cómo hacerlo.

Finalizamos nuestro análisis concluyendo que estos dos elementos a los que hemos aludido anteriormente, la gestión del tiempo y de las recompensas, constituyen dos rasgos absolutamente necesarios para el ejercicio efectivo del liderazgo. Prescindir de cualquiera de los dos, a veces ocurre, dificulta sensiblemente la gobernación de cualquier entidad o grupo humano. Combinarlos creativamente supone la garantía de trazar el norte a seguir por todos aquellos que, legítamente, aspiran a convertirse en verdaderos líderes con vocación de servicio a la comunidad o a sus corporaciones.


"La eficaz gestión del tiempo y de las recompensas como rasgos esenciales para el ejercicio del liderazgo eficaz y comprometido con su entorno."

@WilliamBasker