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11 mayo 2015

UN GOLPE DE SUERTE


Estaba harto del negocio que se traía entre manos y deseaba, más que nada en el mundo, quitárselo de la cabeza cuanto antes para poder descansar. Al salir de su casa percibió una suave llovizna en el rostro. Difícilmente podía pasar desapercibido el abultamiento en el bolsillo derecho  de su desastrado gabán. Éste, como casi todo su "fondo de armario", tendría que ser renovado con perentoriedad, so pena que fuese confundido con un indigente. En cualquier caso, su cabeza no estaba para desvaríos estilísticos. 

El peso del Magnum 44 que llevaba guardado lo anclaba a la realidad más inmediata y evitaba que su mente divagase pensando en minucias. Ya habría tiempo para eso cuando finiquitara este escabroso asunto. Había escogido ese revólver, con un calibre más que suficiente para matar a un oso, porque estaba harto de aficionados y contratiempos sobrevenidos. Esta vez lo haría él mismo y no quería fallar. De ahí, entre otras cosas, la elección del arma; un revólver necesariamente letal disparado a bocajarro. El destinatario del regalo se había librado, por dos veces, del destino al que su indiscreción y escasa lealtad le habían abocado. Un oportuno chaleco antibalas y la impericia de los estúpidos advenedizos con pistolas de juguete a los que se les encargó la faena, habían dejado el trabajo a medio hacer y eso era algo imperdonable en su oficio. El prestigio de su nombre había quedado malherido y había que restañar esa herida sangrante por la que su orgullo se estaba desangrando a marchas forzadas.

Pudo reconocer a su presa en la esquina del callejón cuando salía del garito en el que habituaba a dejarse los cuartos. Llovía con desgana. Aún así, prefirió no usar un paraguas ya que podría entorpecer sus movimientos. Ya habría tiempo luego de secarse, cuando volviese a casa. Rapidez y precisión eran su lema. Siempre había funcionado con pocas palabras y gestos precisos. Ahora, precisamente en este momento, no iba a cambiar de táctica. 

Apresuró la marcha para seguir de cerca a su víctima mientras ésta se adentraba en el oscuro callejón con paso acelerado, como si tuviera prisa o estuviese huyendo de alguien. Sacó discretamente el poderoso arma de su bolsillo. La sensación de poder que emanaba de empuñar su revólver le tranquilizó un poco. Justo en el momento en que cruzaba la carretera, el destinatario de la bala se volvió con el gesto demudado aunque, en la oscuridad, pudo atisbar en su semblante un extraño esbozo de sonrisa que le descolocó un instante.  

Se disponía a cumplir su misión, ya que sólo tres metros le separaban de su objetivo. Ahora tocaba ser rápido y letal. En ese preciso instante, al intentar evitar un charco y subir al bordillo de un salto, resbaló aparatosamente sobre la calzada. Aturdido por el golpe, no le dio tiempo a levantarse cuando un coche sin luces apareció de la nada y acabó en un segundo con todas sus preocupaciones. Podía descansar en paz; ya era hora.



8 comentarios:

Amílcar Luis Blanco dijo...

¿Quién fue el que resbaló, cayó y fue arrollado por el auto, la víctima o el victimario? En cualquiera de los dos casos el relato está bien contado. La sorpresa del final se produce en ambos casos. Sea que quien haya muerto sea la víctima o sea el victimario. Por eso el cuento me pareció excelente.

Miriam Gimenez Porcel dijo...

Sensacional. Final inimaginable. Texto excelente. Te animo a más.

Luy Albertos dijo...

Así es la vida... siempre surge algo que no has calculado; no siempre para mal... y si no que se lo pregunten al objetivo del pistolero, je je je). Gracias. Un saludo.

mariaÉ nieto dijo...

Muy bien lograda la ambientación y el suspenso en este relato. El final inesperado, mejor.

Julia C. dijo...

Un final inesperado para un plan que parecía bien urdido. Siempre hay que contar con el azar!
Muy buen relato, me encanta la atmósfera de cine negro que has creado :)
Un beso y feliz tarde, Juan Antonio!!

Mendiel dijo...

Tanto planear y planear y no calculó su siguiente paso que lo llevó a la muerte. Muy buen relato, mantienes el suspenso a tope. Saludos.

Irene G. dijo...

Muy bueno Juan Antonio,:)
Como siempre con tu toque único de humor negro, que consigue que a una dentro de la situación en si, le salga una sonrisilla al terminar de leerlo.
Por lo menos ahora ya puede descansar en paz, que hay tareas que no hay manera de finalizarlas, jeje
Besos.

Jordi Cabré Carbó dijo...

Un descanso de paz eterno, ja,ja,ja.