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01 junio 2015

Elle.

Relato corto

Despertó sobresaltada y con la frente perlada de un sudor tibio y desagradable. Eran ya demasiados los días en que algo, de manera abrupta y desconsiderada, la sustraía de esos preciosos minutos finales de sueño reparador de los que siempre había disfrutado. Eso la dejaba sumida en una sensación vaporosa de cansancio y aturdimiento que persistía durante gran parte de la jornada. Sin ponerse las gafas, enfocó a duras penas sus ojos somnolientos y contempló con desesperación que sólo restaba media hora escasa para levantarse. Aún así, intentó descabezar un precario sueño, robándole minutos al reloj, antes de incorporarse definitivamente e iniciar su rutina mañanera. Sumida en la tenue duermevela en la que se encontraba, gracias al exiguo regalo que le había procurado ese infame y desalmado artilugio junto al que dormitaba, intentó repasar mentalmente la causa de sus desvelos. 



Sin realizar ningún esfuerzo excepcional, se había percatado que aquella extraña pesadilla deambulaba a su antojo y sin control consciente por su cabeza mientras dormía. Iba y venía de manera intermitente y no recordaba que su aparición estuviese vinculada a ningún evento o problema recientemente ocurrido. Había repasado sus últimas semanas y no tenía nada a lo que imputar esos incómodos episodios que, a esas alturas, se estaban repitiendo con exasperante asiduidad. Simple y llanamente, esto era lo que le generaba un mayor desasosiego, aparecía cuando le venía en gana y se daba a la fuga, a renglón seguido. Su vida, por lo demás, no estaba sazonada por especiales problemas y su existencia resultaba, en términos generales, bastante apacible. Como diría alguna de sus amigas, aburrida y anodina como la de una marmota. 

Cortado a retazos, el sueño se parecía más a una serie de fotografías desordenadas de una escena que a una filmación de vídeo en la que pudiera apreciar con cierta nitidez y sentido narrativo los hechos que acaecían en el mismo. Había intentado recordarlo en una secuencia lógica pero no había podido conseguirlo hasta el momento. Por más que procuraba rescatar de su memoria algún fragmento de información que le permitiese interpretar ese incómodo delirio, no lograba encontrar ningún asidero del que tirar para poder justificar o, al menos, explicar la desazón que la invadía cada vez que rememoraba la escena. ¿O eran varios acontecimientos fundidos caprichosamente por su mente para confundirla? Desechó esa explicación porque carecía del más mínimo sentido. Es más, se daba cuenta que cuanto más intentaba bucear en su desordenada psique, más dañina y retorcida resultaba la respuesta de su mente. 

A veces, esta situación le generaba un particular estado anímico que, generosamente interpretado, podría calificar como "bajón" o "depre", siendo ambos términos aproximativos y, por tanto, inexactos. Otras, la mayoría, su aparición desbocaba inexplicablemente sus palpitaciones hasta niveles sumamente incómodos. No se consideraba una hipocondríaca, por lo que no atribuyó al ligero malestar que experimentaba ninguna causa orgánica de importancia. Es más, a fuerza de ser pragmática, lo mejor, al menos por el momento, sería olvidar el asunto. Era la única manera efectiva que había descubierto, el olvido selectivo, para proseguir su jornada diaria sin apenas interferencias reseñables ni significativas en sus rutinarios hábitos de vida. 

Entre esos retazos borrosos que soñaba recurrentemente se había visualizado repetidas veces tendida boca arriba y sin poder moverse. Hasta tal punto era su estado hierático y rígido que no podía ni tan siquiera pestañear, aún estado despierta. Buceó por internet para intentar encontrar una explicación razonable a ese estúpido sueño pero no encontró nada que le fuese de utilidad. Siguiendo con la escena tumbada, era capaz de apreciar que se encontraba en una situación indolora, aunque incómoda. En la pesadilla, tenía que estar despierta, a la fuerza, porque percibía la superficie plana sobre la que estaba reposando y su frialdad. No era una posición acogedora y tampoco podía escapar de ella. De pequeña, recordaba, había soñado muchas veces que la perseguían y, por más que lo intentaba, no conseguía apresurar su carrera. Al final, la terminaban cogiendo. Pues esto era algo parecido, en el sentido que por más esfuerzos que hiciera, sus músculos no respondían a su voluntad. Escuchaba también voces apagadas a su alrededor. Haciendo un esfuerzo impresionante pudo detallar que había, al menos, tres personas. Dos mujeres y un hombre. En ese punto, por más que lo intentó, su mente colapsaba y difuminaba el recuerdo onírico que se basaba únicamente en una oscuridad omnipresente (sus párpados cerrados), acompañada de los susurros y voces percibidas. También se percataba de la presencia de cierto ruido de fondo, algo así como un zumbido salteado con esporádicos pitidos. Todo muy extraño, ciertamente. Máxime, cuando no había estado en una situación similar en su vida.



Varios días más tarde sucedió de nuevo. Esta vez, sin embargo, pudo recordar con mayor nitidez algunos elementos del maldito sueño. La invadió una sensación amarga y sumamente perturbadora al recuperar su contenido, mientras se incorporaba. El hombre de su pesadilla, en un tono que parecía sumamente apesadumbrado y sorprendido, decía, a quien pudiera oírle, que no había podido hacer nada más. No se explicaba lo que podía haber pasado ya que, en principio, aquello no era nada de importancia... Todo, parece ser, había terminado. ¿Terminado? ¿Qué había terminado? En el sueño, recapitulaba, poco después de escuchar esas someras palabras sintió, aunque no vio, que algo rozaba su cara y la cubría. Algo liviano. ¡Basta! Como siga pensando esta tontería me voy a volver loca. ¡No pasa nada, absolutamente nada! Es una pesadilla incómoda y nada más. ¡No es nada de importancia! Se levantó, esta vez inmediatamente, y se lavó la cara en el lavabo para desprenderse del omnipresente sudor que acompañaba sus actividades oníricas. En cualquier caso, como siguiera así, tendría que buscarse un psicólogo para que le echase una mano. Estaba harta. Se estaba viendo desbordada por momentos y era una sensación que no le agradaba lo más mínimo. En cuanto saliera de la cita que tenía esa mañana con su médico para recoger la analítica de sangre y la resonancia que le habían realizado hace unos días, buscaría ayuda profesional para que le quitase de la cabeza esas pamplinas. Comenzó con determinación su jornada.

- No pongas esa cara, mujer; tranquilízate. Nunca has sido hipocondríaca y no vas a empezar a serlo ahora. Te conozco desde hace muchos años. El pequeño tumor que hemos detectado con la resonancia no tiene mala pinta en cuanto a malignidad se refiere. Como médico y amigo tuyo, en confianza, me jugaría el cuello apostando por que se trata de algo benigno. En cualquier caso, para quedarnos tranquilos, lo vamos a extirpar y analizar. Será "coser y cantar". Entras un rato en el quirófano y te lo extraigo. Así de sencillo.

- ¿Qué me estás diciendo, Mario?
- Ves como imaginas fantasmas donde no los hay. Será cuestión de media hora. La anestesia no es muy fuerte pero sí lo suficiente como para que pueda trabajar con calma mientras duermes apaciblemente. La sedación o anestesia local no bastaría y, conociéndote, me agarrarías con la mano el bisturí para hacerlo tú misma. Ahora, mi enfermera te dará cita para quirófano y la anestesista te explicará a continuación qué tienes que hacer antes de ingresar. Lo podemos hacer dentro de un par de días. Quédate tranquila, mujer, todo está controlado. No es nada de importancia...

                                     +juantobe1









6 comentarios:

Rosario Rioperez dijo...

Me ha gustado el relato,. vale que tenga fantasías creadas por el tumor, pero también puede ser que allá tenido una premonición de su propio futuro

claro está alguien con una mente cerrada pensará que son tonterías o estrés o simplemente preocupación .

Usamos solo una décima parte de nuestro celebro quien dice que al tener dañado el celebro el mismo se puso en marcha y se adelanto al futuro creando momentos adivinatorios cuando estaba durmiendo y el celebro relajado



perdona son tonterías mías , lo dicho me encanto tu relato

juantobe1 dijo...

Hola, Rosario. Me alegra mucho saber que te ha gustado el relato. Ciertamente, tu interpretación es una de las posibles; no dices ninguna tontería. Uno de los objetivos cuando escribo este tipo de relatos (cortos) es abrir el abanico de posibles interpretaciones. A veces, curiosamente, yo mismo me sorprendo ya que los lectores pueden apreciar matices que ni yo mismo había planteado cuando escribía el texto. Me alegra mucho saber que te ha gustado. Saludos y que pases una buena semana, amiga. :-)

Maríjose Luque Fernández dijo...

No solo es un buen relato. Es un amplio campo de interpretaciones, pero además algo coherente y nada ficticio.
Nuestra mente tiene una fuerza y unas características que aún no son conocidas, Nuestro cerebro es una máquina que gobierna nuestros movimientos, nuestros sentidos.... todo.... Pero es a la vez un cúmulo de experiencias, de conocimientos, de vivencias, es capaz de ver, de imaginar cosas inexistentes, es capaz de enviarnos mensajes sobre algo que nos pasa y sobre todo a mi entender y mi experiencia si que es capaz de proyectarnos en situaciones que están llegar.... Tonterías, para algunos posiblemente, para mi no... Controversia, veamos el resto de opiniones amigo Juan... besos :)) feliz semana.

juantobe1 dijo...

Gracias, en primer lugar, por tus palabras. Ciertamente, uno de los principios básicos que me planteo cuando elaboro un texto reside en generar posibilidades amplias de interpretación. Los mensajes no son, al menos no lo pretendo, unívocos. Hay algunos que son nítidos y directos; otros, la mayoría, dependen de la experiencia y creatividad del lector. En algunos casos, ya lo he comentado, a veces aparecen matices que no había contemplado originariamente.
El cerebro es eso y mucho más, totalmente de acuerdo. Gracias por participar, amiga. Que tengas una buena semana. Besos. :-))

Eva Mercader dijo...

La verdad es que los grandes misterios de la mente se me escapan. Algunos procesos son inquietantes, fascinantes, trascendentes... pero nunca dejo de lado el factor físico del cerebro, puesto que es completamente tangible. También la casualidad es posible en las ecuaciones cerebrales, así que me quedo con el misterio, con la duda.
A nivel literario, estos temas que tanto nos turban y torturan son la piedra angular de las grandes historias: lo mágico, lo fantasmal, lo premonitorio, la locura... son unos ingredientes perfectos para atrapar al lector, pues todos hemos experimentado en nuestros sueños y a todos nos intranquiliza el hecho de que nunca llegaremos a conocer o controlar el comportamiento de aquello que dirige nuestra vida: la mente.
Enhorabuena por tu relato. Un abrazo y nunca abandones lo siniestro, ¡me encanta!

juantobe1 dijo...

Hola, Eva. Me han encantado tus reflexiones. Ciertamente, la complejidad de la mente y el cerebro nos permite transitar por terrenos poco cartografiados donde el misterio se convierte en un obligado acompañante. Muchas gracias por tus palabras y reconocimiento. Mañana publico un relato en el que juego, entre otras cosas, con el lado oscuro, jejej. Un abrazo, amiga.