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15 septiembre 2015

LENTA AGONÍA

Suspiró tras leer el último mensaje de un admirador en el teléfono móvil mientras tiraba de la cisterna del retrete. La poesía sazonaba su espíritu y le permitía sobrevivir a la indolencia de su miserable rutina diaria. Publicar en su red social favorita se había convertido en el balón de oxígeno que necesitaba para no caer en el profundo pozo del abatimiento. De ahí, pensaba, al pozo de la depresión mediaba una delgada línea roja.

Se retocó el peinado tras lavarse las manos y salió remoloneando del aseo. Se dirigió con la mirada fija en el horizonte de aquel asfixiante cubículo hacia el terminal informático donde se sumergía más horas diarias de las que podía soportar.


Su jefa, esa estúpida y engreída advenediza, la miraba fijamente desde detrás de unas indescriptibles gafas de diseño que costaban más de la mitad de su sueldo mensual. Ni tan siquiera se molestó en esbozar una sonrisa de compromiso. Deslizó su acuosa mirada por el limitado espacio de la oficina y se sentó a esperar el final de la jornada delante de su ordenador.

Ser madre soltera, con dos hijos a su cargo, le impedía escapar de aquella mazmorra en esos momentos, por más que lo deseara ardientemente. Estaba sufriendo las secuelas del marasmo en que se hallaba encarcelada. No obstante, decidió que su voluntad no podría soportar por mucho tiempo esa situación laboral, que había conseguido alienarla y socavar su espíritu. 

Respiró a fondo y suspiró. Decidió en ese mismo instante que ese sería el último episodio de su pasado. Ahora tocaba comenzar a construir el futuro. Activó la pantalla y se dispuso a trazar una nueva derrota para su nave. El naufragio no estaba dentro de sus planes. 



10 comentarios:

Maríjose Luque Fernández dijo...

Lenta agonía que lleva hacía el mar abierto en el que la nave sin zozobra ni encallamientos navegue libremente, sin coacciones, sin ignorantes elementos que adornar innecesariamente nuestro camino. Buen relato como siempre con su mensaje.. Guerrera sin duda... besitos Juan Antonio.

Gaelia de ideas dijo...

Atrapada en su realidad. Las madres están abonadas al sufrimiento. Gracias por compartirlo.

Quego Loso dijo...

Lenta agonía que sufren (y he sufrido) muchas personas. Arrastramos cadenas que nos impiden escapar de las mazmorras en que nos metemos y que llamamos trabajo. Buena descripción. Gracias por compartir.

Irene G. dijo...

Las cadenas invisibles que someten, en este caso por amor a sus hijos.
Qué difícil lucha desligarse de ellas.
Besos!

Mila Gomez dijo...

Los hijos, siempre tienen aquello por lo que una madre daría hasta su vida.
Un abrazo y beso virtual Juan Antonio.

Maria roraluam dijo...

Con que sentimiento escribes, es como sentir lo que lees.

Eva Mercader dijo...

Hola Juan.
¿Qué es más valioso, el bienestar familiar o ser libre? Yo siempre pensé que ser libre, coger las riendas de tu propia vida y conseguir tus metas era lo más importante en la vida. Pero todo cambia si tienes familia a tu cargo y no cuentas con apoyo de nadie.
Un homenaje a todos aquellos que se sacrificaron por el bien de sus familia: mis abuelos, mi padre, mi hermano, mis tías...
Besos, Juan.

Sue - dijo...

Los hijos crecerán y se irán,pero aún sabiéndolo, una madre dará todo por sus hijos. Al menos, la mayoría de ellas.
Un saludico, Juan.

Alicia González.- dijo...

Enhorabuena por el relato a su creador y ENHORABUENA a su protagonista por ser lo que es, una superviviente.
Un relato extraordinario, Juan Antonio.
Un abrazo.

Julia C. dijo...

Un relato que comienza de forma triste y con pocas expectativas de mejora para la protagonista pero que acaba con un mensaje positivo y de ánimo. Siempre se puede volver a empezar si se tiene la firme determinación :)

Me ha gustado mucho, Juan Antonio. Me da que pensar.

Un abrazo de jueves!!