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16 octubre 2015

Mis reflexiones: PAULO COELHO 1


Si la envidia fuese tiña, ¿cuántos tiñosos habría? El refranero español es sabio cuando cristaliza en tan bella frase uno de los males endémicos del ser humano, laenvidia.

Un Psicológo Social diría que es un mecanismo natural e, incluso, adaptativo. No tenemos que acudir a la ciencia ya que, por ejemplo, es éste uno de los pecados capitales reseñados por la Iglesia. Lo cierto y verdad, que diría un buen amigo, es que prácticamente todos somos, de una manera u otra, envidiosos. Partiendo de esa premisa, intentamos disfrazar con sutiles y rebuscadas palabras lo que, la mayoría de las veces, no es más que simple y pura envidia, aunque la tachemos de "sana".

El problema reside, como casi siempre, en una cuestión de grado y afectación. Cuando nos corroe por dentro, porque somos incapaces de crecer por nosotros mismos, los logros y éxitos de nuestros coetáneos y personas cercanas pueden convertirse en afiladas flechas que se clavan en nuestro corazón. El problema está, por tanto, en el interior de cada uno. O se aprende a canalizarla y se utiliza como elemento o vector de mejora personal o nos terminará arruinando la vida, tanto a nosotros como a nuestro entorno.

La envidia, además, es irracional. Por más que se intente racionalizar ese estado anímico, se escapa a cualquier análisis sensato. Dicho esto, debe quedar claro que envidiamos lo que tenemos cerca y se nos parece. La envidia surge del conocimiento de algo que, no pudiendo tener, es disfrutado por alguien que no creemos merecedor de ello. Habrá que aprender a lidiar y dialogar con ella, tanto si la sentimos como si la sufrimos en nuestras carnes por parte de terceras personas. No queda otra opción.


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